El consumo per cápita al año es de 163 litros.

México es uno de los grandes consumidores de refresco en el mundo entero. Se estima que alcanza los 163 litros por persona al año, lo que se convierte en un detonante clave de la crisis sanitaria o salud cardiovascular.
El consumo de bebidas azucaradas no solo incrementa el riesgo de obesidad y diabetes, también tiene un impacto directo en la salud cardiovascular.
Cada litro de refresco que se consume de manera habitual aumenta la probabilidad de hipertensión y enfermedades del corazón, condiciones que hoy son la principal causa de muerte en México. Esto se traduce en miles de vidas perdidas y en una presión creciente sobre las familias y el sistema de salud, que enfrenta costos millonarios para tratar enfermedades que podrían prevenirse con políticas más firmes, señaló Ismael Campos, investigador del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública.
Un estudio publicado en Nature Medicine en 2024 mostró que, en el caso de México, las bebidas azucaradas son responsables del 13.5% de los nuevos casos de enfermedad cardiovascular y del 9.2% de las muertes por esta causa, situando al país entre los más afectados a nivel global.
El impacto del consumo de bebidas azucaradas no se limita a la salud. También representa una carga importante para la economía de los hogares mexicanos y para el sistema de salud.

Familias mexicanas destinan entre 8% de su gasto en alimentos a la compra de refrescos y jugos industrializados.
Además, se estima que en comunidades rurales e indígenas este gasto supera al destinado a alimentos básicos y nutritivos. Esto genera un doble efecto económico y nutricional, ya que destinan recursos a productos dañinos al desplazar alimentos frescos y saludables.
“El Día Mundial del Corazón nos recuerda la urgencia de enfrentar a uno de los principales factores de riesgo: las bebidas azucaradas. México está pagando con miles de muertes y altos costos en salud el precio de un consumo desmedido. Necesitamos políticas más firmes que prioricen la salud pública por encima de los intereses de la industria”, señaló Jorge Vargas de la campaña de Salud Alimentaria en El Poder del Consumidor.
El sistema de salud mexicano, por su parte, invierte miles de millones de pesos al año en la atención de enfermedades asociadas al consumo excesivo de bebidas azucaradas, como diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, medidas fiscales como el impuesto a bebidas azucaradas, vigente desde 2014, han demostrado beneficios claros. En su primer año, las ventas de refrescos cayeron entre 6% y 12%, con un mayor impacto positivo en hogares de bajos ingresos. Proyecciones a 10 años indican que esta política podría evitar más de 20,000 infartos y cerca de 19,000 muertes, generando además ahorros de hasta 983 millones de dólares en costos médicos.

El Poder del Consumidor hace un llamado a reforzar las políticas de salud pública para enfrentar la creciente carga de enfermedades cardiovasculares en México, estrechamente vinculadas al consumo excesivo de bebidas azucaradas.
De acuerdo con cifras preliminares del INEGI, en 2024 del total de defunciones reportadas (818,437 muertes) 192,563 se debieron por enfermedades del corazón. Esto confirma a las cardiopatías como la principal causa de muerte en México en los últimos años.
Las enfermedades del corazón no surgen de manera aislada, sino como resultado de múltiples factores de riesgo que convergen y se potencian entre sí. Entre ellos se encuentran una alimentación poco saludable, caracterizada por un alto consumo de azúcares, sodio y grasas saturadas, el sedentarismo, que eleva hasta en un 30% el riesgo de muerte prematura.