
En Aguascalientes, El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha extendido su influencia con gran velocidad. A través de una filtración por parte de Guacamaya Leaks -organización de “hacktivistas” que opera internacionalmente y ha publicado informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia de interés público-, que se compartió más tarde con las autoridades de la entidad y se ha difundido en medios como Infobae, se han revelado los nombres y rostros de sus líderes, arrojando luz sobre las operaciones de narcotráfico y el crimen organizado en general dentro de la zona.
Alejandro Acosta Cardona, conocido como “El Cano”, y Alejandra Nayhelli Vargas Ibarra, alias “La Patrona” o “La Nayely”, encabezan esta organización criminal. Su presencia es sutil pero letal. Desde las alturas, observan cada movimiento, toman decisiones que afectan vidas y controlan el flujo de drogas y violencia en la región.
El informe filtrado también señala la presencia de otros cárteles rivales. Los Talibanes, con su historial de brutalidad, y Los Zetas, cuyo nombre evoca temor, compiten por el dominio. El Cártel de Sinaloa, también resuena, aunado a la Familia y la Oficina de los Beltrán Leyva.
Las actividades de estos cárteles se resumen en tráfico de drogas, extorsión, secuestro y asesinato. Asesinatos y enfrentamientos sangrientos se han desatado por la lucha por las plazas de Aguascalientes. Cosío, Rincón de Romos, Tepezalá, Pabellón de Arteaga, Asientos, San Francisco de los Romo, El Llano, Jesús María, Calvillo y la propia Aguascalientes son testigos de esta lucha.
Dentro de las fuerzas del orden, la corrupción es protagonista; entre tantos nombres, Juan M, exdirector del C5, SITEC (Seguridad Inteligencia Tecnología), es uno de los señalados de estar vinculado con el CJNG. Su nombre aparece en las narcomantas y está claro que no se trata de ninguna coincidencia.
El segundo protagonista, un agente vinculado al CJNG, es Jairo D., miembro de la Policía de Investigación (PDI). Se le imputaba la tarea de recaudar los tesoros pecuniarios del hampa para depositarlos ante las altas esferas policiales. Además, también resalta la figura del comandante Lorenzo R., titular de la PDI, quien supuestamente velaba por los intereses del CJNG, permitiendo que sus crímenes se desplegaran impunemente en las calles de Aguascalientes.